
El jazz surgió lenta, pero casi inevitablemente y sin duda de forma
natural, en el sur de Estados Unidos; eclosionando en Luisiana a finales del siglo XIX. Como género musical el jazz se caracteriza, de entrada, por dos singularidades que merecen el calificativo de genéticas: Es la suma armónica de distintos géneros (con preeminencia de ritmos y melodías de remoto origen africano) y, en segundo término, por haber asimilado otros géneros que, a su vez, generaron estilos jazzisticos diferenciados; hasta el extremo de que al paso de los años los
jazzmen contribuyeron a sentar las bases del rock and roll e influyeron profundamente en el blues y también en el folk norteamericano.
La primera vez que el jazz fue citado por escrito --a la vez que bautizado-- con ese vocablo en un medio de comunicación público fue el 6 de marzo de 1913, fecha en que el diario San Francisco Bulletin difundió un reportaje dando testimonio de que una orquesta militar ensayaba “interpretando piezas con ritmos de ragtime y de jazz”.
No obstante, todo indica que el palabro es de origen africano, concretamente de la Costa de los Esclavos (litoral del Golfo de Guinea); aunque sobre sus posibles acepciones se ha escrito tanto que sería arriesgado otorgarle un solo significado. [Desde espíritu hasta ritmo, pasando por actitud, mensaje, alma e incluso sexo, a la palabra jazz se le han dado variados y a veces contradictorios significados, y no todos son de raíz africana]
La pionera Original Dixieland Band
La primera grabación de una pieza de jazz, identificando el género con esa denominación, fue impresa en vinilo por la Original Dixieland Band, en 1917. Durante esa década, la de 1910, la palabra jazz se popularizó y en los años veinte ya era de uso generalizado y a pesar de actitudes de corte racista y elitista, el jazz empezó a ser considerado como un estilo, una variedad, una sensibilidad o una forma de expresión musical merecedora de máxima atención por parte de musicólogos, incluso de antropólogos y de estudiosos de la cultura en general.
La práctica totalidad de los estudiosos del jazz coinciden en que el primer pilar del jazz fue levantado en Nueva Orleáns (Luisiana), durante la década de 1890. La ciudad, que había sido y en esa época seguía siendo en gran medida el principal puerto de desembarco de esclavos, fue la cuna y el principal centro jazzístico durante varias décadas.
¿Sensibilidad africana con técnica europea?
Es difícil resumir la esencia del jazz y su evolución, pero cabe resaltar que combina --aunque no a partes iguales-- tres culturas: la africana, la europea y la mezcla de estilos que dio origen a la ecléctica musicalidad norteamericana de los siglos XVIII y XIX, en la que influyeron sobremanera los ritmos y las melodías de origen folclórico y cristiano (casi todos anglosajones y centroeuropeos).
Pero al margen de aportaciones puntuales, la cultura musical afroamericana es la que ha dado al jazz esqueleto y musculatura, género que en sus inicios incluso era bailado en ceremonias religiosas de inequívoco corte africano.
Un rasgo esencial del jazz es la improvisación, componente que también es habitual en las expresiones musicales del África negra. Ese rasgo distingue radicalmente al jazz de la cultura y de la tradición musicales de Europa, en cuyas composiciones clásicas apenas se deja margen para que un instrumento o la voz creen notas ¡y transmitan sentimientos! sin atender a la partitura.
Luego, ya en los años treinta del siglo XX llegaron las bandas, en las que el jazz inicial se pulió --o se pervirtió, según se mire-- y se mezcló con músicas europeas, adquiriendo ciertas normas --o acaso supeditándose a ellas.
Pese a todo y por encima de todo, el jazz sigue siendo un género musical en el que la libertad interpretativa es fundamental; lo que no quita para que muchos de sus intérpretes sean acreditados maestros, tal como han demostrado cientos de ellos con muy variados instrumentos, incluida la voz, amén de la corneta, el trombón, el clarinete, el saxofón, la batería, el piano…
Este libro --a la vez que testimonio-- de Winston Marsalis y Geofrey C. Ward constituye una excelente guía para introducirse en los entresijos, significados y poderios de la que para muchos es la más sólida de las modernas aportaciones del hombre a la música; capacidad humana que, resumiendo, es el arte de crear sonidos que transmiten sensaciones y sentimientos.
Edita PAIDOS